La ruta



jueves, 17 de enero de 2008

Un ciento veinticincoavo de segundo


El 23 de diciembre de 2003, a pesar del frío y el peligro, la casualidad impulsó a cuatro amigos para decidirse a ir a nadar al mar muerto en Israel. En la carretera, paralela a la costa, a alguno se le ocurrió sugerir que bajáramos ahí, lejos de todo y caminar hasta la playa. Unos minutos después, Yoshiko, de Japón, se adelantó unos metros, sacó su cámara, apuntó hacia nosotros y presionó suavemente el disparador.
En ese instante el obturador se abrió y al mismo tiempo un espejo dentro de la cámara se levantó para reflejar invertida la imagen de nosotros caminando durante un ciento veinticincoavo de segundo. Intervalo de tiempo en el que microscópicos fragmentos de Haluro de plata impregnados en una película reaccionaron y maravillosas explosiones químicas de los elementos grabaron en su interior la luz reflejada por cada centímetro cuadrado de la escena en que nos encontrábamos David, de Austria, Rashid, de Marruecos y yo, de México.
El obturador se cerró para detener el paso de la luz atrapando ese tiempo para siempre en una fotografía y cuatro años después, el 30 de diciembre de 2007, otra maravillosa casualidad del destino hizo que me encontrara con David en Vilcabamba, un pequeñísimo pueblo en las montañas, al sur de Ecuador y me regalara, impresos en una hoja de papel, estos ciento veinticincoavos de segundo, grabados en la mente con un proceso químico distinto y almacenados en algún lugar recóndito, del cual saltaron para fusionarse con estos nuevos y hacerme dar cuenta que las casualidades no existen.

1 comentario:

waltermera182 dijo...

Increible el post.. que emocion ese reencuentro.. si me habia contado Chloé que estuvo con uds en Vilvabamba,,, esta bacano tu blog man... SOy Walter Mera amigo de Delphine y novio de Chloé.. te acuerdas?