Entramos a Venezuela desde Colombia. En la frontera, con tensión aun por el altercado entre Uribe y Chávez por la negociación de rehenes de las FARC, nos retienen más de lo que pareciera normal. Manuel y yo habíamos acordado previamente una historia para los oficiales en la frontera en caso de que las preguntas se pusieran difíciles; no éramos ni periodista ni fotógrafo, mucho menos nos interesaba la política, tan sólo un par de turistas, aunque al final nada pasó. Un retraso burocrático, el sello y estábamos en la República Bolivariana de Venezuela. La amenazante dictadura nos recibía con la indiferencia de cualquier otro país del mundo.
De Camino a Maracaibo, a penas unos metros después de la frontera, el primer retén, un oficial subió, preguntó cuántos eran los ilegales, la madrona en acuerdo con el chofer, se paró y ofreció cuatro cedulas falsas por cada uno de los ilegales junto con un billete, discutieron un poco, puso otro billete en su mano y seguimos. A los cinco minutos otro retén y la misma historia, a Manuel y a mi, nada, revisar el pasaporte, colectar su cuota de acuerdo con el número de ilegales y listo. Seis retenes en total, la más descarada corrupción. Sin duda algo muy malo le falla a Chávez. No se puede manejar una dictadura así, sin el control absoluto de todo lo que pasa, entra y sale de su país. Conforme nos fuimos acercando a Maracaibo, la campaña electoral por el plebiscito a la reforma constitucional se fue haciendo más y más evidente. Con dos voces únicas y contundentes atrapadas en un diálogo bisilábico idiota a manera de discusión entre el gordo y el flaco, o el chavo y la chilindrina, SI, NO, SI, NO, SI, NOO, SIII, ¡Que SI!, ¡Que NOO! Sin argumentos, sin posturas intermedias ni matices, o para ponerlo en palabras de Chávez: estás con él, o estás en su contra. Los extremos sin duda se tocan, ese es justo el mismo discurso que el de Bush.
El referendo de reforma constitucional propuesto por Chávez abarca amplias y profundas modificaciones que instituirían el socialismo bolivariano, creado por él, como nueva forma de gobierno. Y aunque el librito de la nueva constitución es uno de los más vendidos de todos los tiempos en Venezuela, que además se regala por todas partes y todos lo discuten, el principal argumento de ambas posturas es la falta de argumentos, al final, casi nadie leyó la nueva constitución.
Después de Maracaibo pasamos unos días en Coro, un pueblito colonial a mitad de un desierto que no hubiera imaginado nunca por estas latitudes. Coro es un lugar lleno de gente amable, calles tranquilas y a unos pasos del Caribe venezolano, con playas similares a las de la isla de Araba, a unos kilómetros de ahí.
De Camino a Maracaibo, a penas unos metros después de la frontera, el primer retén, un oficial subió, preguntó cuántos eran los ilegales, la madrona en acuerdo con el chofer, se paró y ofreció cuatro cedulas falsas por cada uno de los ilegales junto con un billete, discutieron un poco, puso otro billete en su mano y seguimos. A los cinco minutos otro retén y la misma historia, a Manuel y a mi, nada, revisar el pasaporte, colectar su cuota de acuerdo con el número de ilegales y listo. Seis retenes en total, la más descarada corrupción. Sin duda algo muy malo le falla a Chávez. No se puede manejar una dictadura así, sin el control absoluto de todo lo que pasa, entra y sale de su país. Conforme nos fuimos acercando a Maracaibo, la campaña electoral por el plebiscito a la reforma constitucional se fue haciendo más y más evidente. Con dos voces únicas y contundentes atrapadas en un diálogo bisilábico idiota a manera de discusión entre el gordo y el flaco, o el chavo y la chilindrina, SI, NO, SI, NO, SI, NOO, SIII, ¡Que SI!, ¡Que NOO! Sin argumentos, sin posturas intermedias ni matices, o para ponerlo en palabras de Chávez: estás con él, o estás en su contra. Los extremos sin duda se tocan, ese es justo el mismo discurso que el de Bush.
El referendo de reforma constitucional propuesto por Chávez abarca amplias y profundas modificaciones que instituirían el socialismo bolivariano, creado por él, como nueva forma de gobierno. Y aunque el librito de la nueva constitución es uno de los más vendidos de todos los tiempos en Venezuela, que además se regala por todas partes y todos lo discuten, el principal argumento de ambas posturas es la falta de argumentos, al final, casi nadie leyó la nueva constitución.Después de Maracaibo pasamos unos días en Coro, un pueblito colonial a mitad de un desierto que no hubiera imaginado nunca por estas latitudes. Coro es un lugar lleno de gente amable, calles tranquilas y a unos pasos del Caribe venezolano, con playas similares a las de la isla de Araba, a unos kilómetros de ahí.
A Caracas llegamos una mañana, tres días antes del referendo, el día del cierre de campaña a favor del NO. Roberto Campos, amablemente nos recibió en su casa, un departamento con una gran vista sobre la ciudad en el barrio de Chacaito, desde ahí apenas nos instalábamos cuando vimos a la gente reuniéndose por las calles. Se preparaban para la gran marcha en contra de la reforma. Miles de personas poco a poco fueron llenando las calles de la ciudad al grito de NO, ASÍ NO. Bajamos enseguida y nos integramos a la marcha. Las situaciones más raras, el mundo de cabeza, estudiantes, maestros, intelectuales, todo tipo de gente que se esperaría ver en las filas de la izquierda, aquí van luchando por su libertad, por sus derechos, y por supuesto, por su derecha. Platico con algunos,
me cuentan historias de terror sobre Chávez y su socialismo. Que con la reforma podrían perder hasta la patria potestad de sus hijos, la propiedad privada desaparecería, que Chávez sólo quiere perpetuarse en el poder, que la jornada laboral se reduciría a 6 horas pero las restantes tendrían que ser regaladas al gobierno a través de trabajo comunitario, historias que hablaban hasta de la relación de Chávez con la santería cubana, ritos sangrientos en la casa presidencial, y brujos aconsejándolo sobre el futuro de Venezuela. Ese día la Avenida Bolívar se llenó a reventar de un NO inmenso, impenetrable, un monstruo de cien mil cabezas y una vos de una sola sílaba.Llegamos a la casa tarde, cansados, prendimos la tele. El canal oficial mostraba una Avenida Bolívar semivacía, en descarada manipulación habían grabado imágenes antes de la marcha y las transmitieron durante todo el día una y otra vez.

A la mañana siguiente nos fuimos a la marcha por el SI. La otra mitad del país estaba ahí, familias enteras, las clases populares, la burocracia completa vino en camiones de todas partes para apoyar a Chávez, 3 horas de espera, la gente seguía llegando, entre codazos y empujones me acerqué al frente, 2 horas más, todos enardecidos por ver a Chávez hasta que por fin llegó
avanzando lentamente en un camión entre la multitud, todos gritando, una estrella de rock, las madres le dan a sus bebes para que los cargue, los bese, se acercan a tocarlo. Sin discurso preparado, se para ahí, al frente de doscientas o trescientas mil personas, mira a todos un instante, sonríe, habla de la bella tarde, de sus recuerdos de infancia. Es un gran orador, cuenta historias, hace reír a la gente, se enoja, despotrica un rato contra Bush y sus enemigos imperialistas. Dos horas de discurso y no se puede dejar de escucharlo. Para cerrar, una frase que permanece en el aire. Si quieren que me quede 7 años más, me quedo, ustedes dicen, si quieren que me quede 50 años, me quedo 50, hasta que ustedes digan yo seguiré aquí. Todos gritan enloquecidos y lo apoyan incondicionalmente, beben cerveza, es una fiesta.
avanzando lentamente en un camión entre la multitud, todos gritando, una estrella de rock, las madres le dan a sus bebes para que los cargue, los bese, se acercan a tocarlo. Sin discurso preparado, se para ahí, al frente de doscientas o trescientas mil personas, mira a todos un instante, sonríe, habla de la bella tarde, de sus recuerdos de infancia. Es un gran orador, cuenta historias, hace reír a la gente, se enoja, despotrica un rato contra Bush y sus enemigos imperialistas. Dos horas de discurso y no se puede dejar de escucharlo. Para cerrar, una frase que permanece en el aire. Si quieren que me quede 7 años más, me quedo, ustedes dicen, si quieren que me quede 50 años, me quedo 50, hasta que ustedes digan yo seguiré aquí. Todos gritan enloquecidos y lo apoyan incondicionalmente, beben cerveza, es una fiesta.Llegué a Venezuela con la intensión de mirarla sin prejuicios, de observar y esperar hasta
el último momento antes de hacerme una opinión, es difícil. Por todos lados hay un bombardeo indiscriminado de mentiras y manipulaciones disfrazadas de argumentos. Al final, descubrí lo de siempre, que los blancos y negros están hechos de grises y las apariencias engañan en la distancia. En una campaña política, por suerte para quien va de paso, los actores mismos son sus peores enemigos y en su desesperación revelan sus peores intenciones, escuché a la derecha y me quedó claro que Chávez no era tan malo como decían, luego escuché a la izquierda y entendí que tampoco eran tan buenos como ellos mismos creían. Al final Chávez resultó no ser el sucio personaje que nos cuentan las noticias en México, ni perverso ni loco, tan sólo un político al que los pobres quieren, que se esfuerza, a veces con ingenuidad, en ser distinto, en decir lo que piensa. Los cambios se miran por todo el país y los poderosos de siempre, por supuesto lo combaten como mejor saben, con el desprestigio de las verdades a medias y las
mentiras enteras. Cambios en el país que hacían falta desde siempre, un presidente que no apoyara incondicionalmente a esos círculos de poder y en cambio repartiera sus privilegios, medidas sin duda polémicas, el delgado equilibrio de la justicia que todos claman y que cada quien trata de llevar a su lado.
El gran problema de Chávez y su socialismo bolivariano, no está en sus intenciones ni principios, sino en el problema de siempre para la izquierda en el poder, su política es reaccionaria, estás con el o en su contra, la televisión oficial responde, sin justificación alguna, a las mentiras de la derecha con más mentiras y manipulaciones, y la autocrítica se toma a cualquier nivel como traición a la revolución.
el último momento antes de hacerme una opinión, es difícil. Por todos lados hay un bombardeo indiscriminado de mentiras y manipulaciones disfrazadas de argumentos. Al final, descubrí lo de siempre, que los blancos y negros están hechos de grises y las apariencias engañan en la distancia. En una campaña política, por suerte para quien va de paso, los actores mismos son sus peores enemigos y en su desesperación revelan sus peores intenciones, escuché a la derecha y me quedó claro que Chávez no era tan malo como decían, luego escuché a la izquierda y entendí que tampoco eran tan buenos como ellos mismos creían. Al final Chávez resultó no ser el sucio personaje que nos cuentan las noticias en México, ni perverso ni loco, tan sólo un político al que los pobres quieren, que se esfuerza, a veces con ingenuidad, en ser distinto, en decir lo que piensa. Los cambios se miran por todo el país y los poderosos de siempre, por supuesto lo combaten como mejor saben, con el desprestigio de las verdades a medias y las
mentiras enteras. Cambios en el país que hacían falta desde siempre, un presidente que no apoyara incondicionalmente a esos círculos de poder y en cambio repartiera sus privilegios, medidas sin duda polémicas, el delgado equilibrio de la justicia que todos claman y que cada quien trata de llevar a su lado.El gran problema de Chávez y su socialismo bolivariano, no está en sus intenciones ni principios, sino en el problema de siempre para la izquierda en el poder, su política es reaccionaria, estás con el o en su contra, la televisión oficial responde, sin justificación alguna, a las mentiras de la derecha con más mentiras y manipulaciones, y la autocrítica se toma a cualquier nivel como traición a la revolución.
El domingo 2 de diciembre se dio una larguísima jornada electoral, todos fueron a votar y regresaron a sus casas a mirar si su destino cambiaría con la opción que eligieron, pasaron las horas, la tensión aumentó, la derecha salió celebrando por televisión, pero nada se decía del resultado, se empezaba a murmurar la posibilidad del fraude. Casi a las dos de la mañana, cuando todos estaban por estallar de impaciencia, la directora del instituto electoral salió por fin para declarar que el NO había ganado, la gente en la ciudad gritaba por las ventanas, nadie lo podía creer, la derecha ganó. A los pocos minutos salió Chávez, desconcertado, por fin trajo la calma a todos, no pasa nada, perdimos, pero así es esto, seguiremos luchando, hoy el pueblo de Venezuela nos dio una gran lección.La lección también fue, sin duda, para nosotros, disfrutamos mucho Venezuela, su gente, sus ciudades, aprendimos sin parar e hicimos muchos amigos, amigos por el SI y por el NO.

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