La ruta



sábado, 6 de octubre de 2007

Oaxaca vive una de esas situaciones de posguerra donde un “nada será igual” recorre en silencio por sus calles y la gente, cómplice de un pasado que no quiere recordar, guarda ese silencio. Poco a poco se reintegra a su vida normal, las heridas pulsan y se dejan atrás con el paso de los días, mas no se olvidan, como sus paredes, que insistentemente claman: “Oaxaca no está en paz”. No importan los millones de pesos gastados en capa tras capa de pintura que sustentan el ilegitimo “Aquí no pasa nada” del gobierno. De las pintas de “¡Ulises ya cayó!” sólo quedan los flaqueados anuncios de “¡libertad a los presos políticos!”

El turismo poco a poco regresa a la ciudad, algunos completamente ingenuos a la situación y otros, en su mayoría europeos, en busca de aquel “turismo revolucionario” que iniciara en México el sub Marcos y su guerrila pop. Al final, los datos no mienten, 4 mil 70 millones de pesos en perdidas para la industria y decenas de negocios en banca rota. La ciudad podrá recobrarse en lo básico –calles recién pintadas, tranquilidad para el turista y la población–, pero la estabilidad social sin duda está rota, y la guerrilla encontró argumentos para dejar de lado las vías legales, una vez más.


Interesantes días por Oaxaca, sin duda marcaron un buen inicio para el viaje. Fuimos a Etla, a Monte Albán, entrevistamos a Toledo, platicamos con la gente, caminamos mucho.

Gracias a Jesús Rito por la ayuda, el hospedaje y, sobretodo, por ser capaz de transformar hasta el más duro piso en hospitalidad.



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